Por Carlos Hartig.
Mientras el espejo de agua de la laguna de Tepetitiltic se retuerce en una agonía silenciosa, las instituciones de Nayarit han decidido cavar su tumba con la pala de la indiferencia y el cemento de la opacidad presupuestal. El cuerpo de agua, que alguna vez fue el orgullo de San Pedro Lagunillas, hoy se reduce a un lodazal infecto que ha perdido más del 50% de su capacidad, no por un castigo divino del clima, sino por una ejecución criminal de la política ambiental que prioriza el asfalto electoral sobre la vida biológica. El abandono es tal que, mientras el ecosistema colapsa, la burocracia municipal engorda: el área de ecología y servicios públicos de San Pedro Lagunillas consume más de 4.2 millones de pesos anuales en nómina, una cifra que triplica lo invertido en el rescate real del vaso lacustre.

La Universidad Autónoma de Nayarit (UAN) ha puesto el dedo en la llaga: el 65% de la laguna ha sido invadido por el lirio acuático, una plaga que florece gracias a la eutrofización descontrolada. Este fenómeno no es accidental; es el resultado de verter nitrógeno y coliformes ante la ausencia total de plantas de tratamiento funcionales. En 2025, mientras la laguna se ahogaba en sus propios desechos, el municipio destinó una limosna de menos del 2.5% de su gasto operativo a la protección ambiental real, prefiriendo pagar sueldos de inspectores que «monitorean» la tragedia desde la comodidad de sus oficinas sin ejecutar una sola obra de dragado profundo.


El estrangulamiento hídrico se completa con una barrera física de lodo y basura de hasta 1.2 metros de profundidad. Las «visitas de inspección» del gobierno estatal han resultado ser un desfile de funcionarios sin presupuesto, pues mientras el discurso oficial promete rescates heroicos, el Periódico Oficial del Estado revela que los 32,200 millones de pesos del presupuesto 2026 se han desviado hacia zonas turísticas de alta plusvalía. La brecha es insultante: se gasta más en viáticos y representación de funcionarios que en el combustible necesario para mover las dragas que Tepetitiltic exige a gritos para no desaparecer del mapa nayarita.
A nivel federal, la traición es institucional: el recorte del 43% a la CONAGUA en 2025 dejó al municipio sin el respaldo técnico y financiero para dragados de gran calado. Esta retirada de la federación ha dejado un vacío que ni el estado ni el municipio han querido llenar, permitiendo que los canales de alimentación pluvial permanezcan bloqueados por sedimentos. La falta de un Fideicomiso de Rescate Hidrológico asegura que cualquier peso destinado al medio ambiente se pierda en el laberinto de la burocracia estatal, donde el dinero fluye hacia el gasto corriente mientras el agua deja de fluir hacia la laguna.
La brecha entre la realidad técnica y la mentira política es abismal. Mientras expertos de la UAN y ONGs estiman que se requieren 12 millones de pesos urgentes para un desazolve real, el ayuntamiento apenas proyectó 0.8 millones para obra hidráulica, cubriendo apenas el 7% de la necesidad. Esta asimetría del 93% es la prueba irrefutable de que la muerte de la laguna es una decisión administrativa: se ha decidido sacrificar a Tepetitiltic para no tocar los privilegios de una clase política que consume en salarios lo que debería invertirse en la supervivencia del municipio de San Pedro Lagunillas.
La comparación con la laguna principal de la cabecera, mantenida bajo condiciones óptimas para el lucimiento público, es un insulto a la inteligencia ciudadana. En Tepetitiltic, el tiempo se agotó; la evaporación del próximo estiaje de 2026 será el golpe de gracia para un ecosistema que fue inmolado en el altar de la mala administración. El silencio de las dependencias estatales ante la falta de maquinaria pesada en el sitio es la confirmación de que la laguna ya ha sido borrada de las prioridades, mientras los recibos de nómina de los responsables de protegerla se siguen cobrando con puntualidad religiosa.
Es urgente que la sociedad civil exija una auditoría externa al fondo de «Desarrollo Sustentable» del estado; los recursos que deberían estar moviendo dragas están financiando la opacidad de un sistema que espera a que la laguna desaparezca para convertirla en terreno ocioso. El ecocidio de Tepetitiltic es la mancha más oscura en la gestión ambiental de Nayarit para el periodo 2025-2026, una marca de negligencia que ni las lluvias más fuertes podrán lavar mientras no exista una inversión técnica real y una transparencia total en el gasto público. Sin una intervención mecánica inmediata antes del segundo semestre de 2026, el proceso de muerte será definitivo.
